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Tres formas de tener un coche

Yo estaba convencida de que financiar era el error caro de esta historia, así que pagué mi coche a tocateja. Luego hice las cuentas de las tres opciones que tenía delante y salió una regla que nadie me había contado.

31 de agosto de 20265 min de lectura
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Tres formas de tener un coche

Terminé el post anterior prometiendo hablar de eso que se come tus meses de "no" sin que te des cuenta. Lo de la app, la aprobación inmediata y los cómodos plazos.

Voy a cumplir, y empiezo con el ejemplo perfecto.

Conocí a una persona que cambiaba de coche constantemente: antes de terminar de pagar el que tenía, ya estaba buscando el siguiente para financiarlo. Y todos los meses ese coche le costaba más de lo que perdía de valor, porque a lo que se depreciaba había que sumarle los intereses.

Estaba fundiéndose sus meses de "no" y ni siquiera se quedaba con el coche. Y eso es la deuda mala: la diferencia no está en el tipo de interés, está en si al terminar de pagar te queda algo o solo te queda el recuerdo.

Hasta aquí, el post que te prometí

Durante años pensé que la deuda era mala. Así que cuando compré mi coche lo pagué a tocateja, sin plantearme que pudiera haber una opción mejor. Me sentí una persona financieramente inteligente durante, calculo, unas tres semanas. Después se me abrieron los ojos.

El dinero con el que pagué el coche no estaba parado en una cuenta. Estaba en una plataforma de peer to peer lending en la que me pagaban un 7,5% al año. Por si no te suena, es prestar tu dinero directamente a quien lo necesita a cambio de un interés, sin banco de por medio. En mi caso, a gente que hacía operaciones inmobiliarias. Fue algo temporal: prefiero tener mi dinero en fondos indexados.

Para poder pagarlo de golpe tuve que sacar ese dinero de donde estaba trabajando y meterlo en un objeto que empieza a perder valor el día que sale del concesionario. O sea que no me costó 19.000 libras: me costó 19.000 más todo lo que iba a generar ese dinero mientras yo dormía.

Y ahí está el quid de la cuestión. Si lo hubiera pagado mensualmente, esa rentabilidad habría cubierto parte de la cuota. Lo que yo llamaba "no endeudarme" era sacar mi dinero de donde crecía para meterlo donde encoge.

Así que hice las cuentas para salir de dudas: tres opciones distintas y qué habría pasado en cada una de ellas a los cuatro años.

  • Opción 1, pago al contado, que es lo que hice. Pagué 19.000 libras por un Toyota Yaris de segunda mano con un año de antigüedad. Lo tasé un año después en el concesionario y me daban 17.000 libras por él, y menos si me lo pensaba mucho. O sea, 2.000 libras de depreciación en un año, 166,67 al mes. Si le sumamos las 118,75 libras de rentabilidad mensual que dejé de ganar, tenerlo me costó 285,42 libras al mes ese primer año. Al final de los cuatro años seguiré teniendo el coche y cero libras en la plataforma. Por un Yaris de cinco años, un concesionario paga actualmente entre 7.500 y 11.500 libras, según cómo esté.

  • Opción 2, leasing. El mismo coche cuesta 285 libras al mes, con un contrato de cuatro años y un mes de depósito. El pago de las cuotas habría ido saliendo de las 19.000 libras: a los cuatro años me habrían quedado 9.558 libras y devolvería las llaves. No tendría coche.

  • Opción 3, financiado por el concesionario. Sin entrada: 351 libras al mes durante cuatro años y, al final, 7.500 más y el coche es mío. Las cuotas saldrían también de las 19.000 libras invertidas, que seguirían rentando. A los cuatro años me quedarían 5.895 pero tendría que pagar 7.500. Me quedaría 1.605 libras en números rojos. Con el coche, eso sí.

Contra el leasing no hay respuesta clara: si al final de los cuatro años el coche vale 11.500 libras, entonces gana el pago al contado por unas 1.900 libras; si vale 7.500, gana el leasing por unas 2.000. Pero eso nunca lo sabes por adelantado.

Contra la financiación, la mejor opción está clara: en los dos casos me quedaría con el coche, pero pagar al contado gana por 1.605 libras, unas 33 al mes, valga mi Yaris lo que valga al final del período. Y gana por un motivo muy concreto: esa financiación era al 10,2% anual y mi dinero rentaba un 7,5%, así que habría estado pidiendo prestado más caro de lo que me pagaban a mí. De ahí sale la regla que no se me había ocurrido antes:

Compara lo que te cuesta la financiación con lo que gana tu dinero. Si el préstamo cuesta menos de lo que tu dinero genera, financiar sale a cuenta. Si cuesta más, paga al contado.

Pero hay una trampa en todo mi razonamiento: el interés de una financiación lo conoces desde el primer día. La rentabilidad de tus inversiones es solo una expectativa.

La pregunta que no me hice

La regla de arriba es solo la versión pequeña de una pregunta más grande: ¿qué está haciendo mi dinero mientras pago esto?

Y yo la contesté a medias. Miré si mi dinero rentaba más de lo que costaba el préstamo, que ya es más de lo que hacía antes. Pero hay una respuesta mejor que ni me planteé: que trabaje la propia cosa que compras. Que el coche se pague solo. Lo intenté con el mío y no pude, por circunstancias de la ciudad en la que vivo, pero cambia la pregunta entera: de "¿cómo pago este coche?" a "¿puede este coche pagarse por sí mismo?". De eso va el siguiente post.

Porque los meses de "no" no se compran ahorrando. Se compran con activos: cosas que te meten dinero en el bolsillo.

Conviene aclarar que no todas las decisiones se toman por dinero, con una niña pequeña es tremendamente conveniente tener un coche.

La libertad no se regala. Se construye.

Cristina Gil

Cristina Gil

Madre, trabajadora y guiri a tiempo completo, intentando emprender en los ratos que el día me deja. Aquí cuento el proceso de verdad: dinero, vivir lejos de casa y construir algo mío sin dejar mi profesión.

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