Queridísima Moni,
Hoy se cumplen diez años desde que te fuiste, una década sin ti. Me cuesta creerlo. A veces me parece imposible que haya pasado tanto tiempo desde la última vez que nos vimos. Diez años sin escuchar tu risa de pava, sin tus llamadas, sin meterme contigo. Pero también diez años en los que me has acompañado de alguna manera.
Este año he hecho cosas que jamás pensé posible, Moni. He corrido tres medias maratones en apenas dos meses. ¡Tres! ¿Te lo puedes creer? Yo, la que siempre había pensado que correr no era lo mío. En el cole me costaba horrores terminar un simple kilómetro y durante muchos años pensé que simplemente no valía para esto. Pero ¿sabes qué? A los 43 años y después de haber sido madre, lo he conseguido. Y mientras corría, siempre me acordaba de ti.
No sé si te acuerdas de aquella conversación que tuvimos hace muchos años en la que me contabas que habías estado corriendo durante dos horas seguidas. Recuerdo quedarme en shock pensando "¿Dos horas? ¿Cómo es posible?" especialmente porque yo creo que tú aún eras peor que yo en eso en el colegio. En aquel momento me pareciste una heroína. Y lo eras. Esa conversación se me quedó grabada y fue una de las primeras cosas que me vinieron a la cabeza cuando decidí correr por primera vez después de que nos dejaras para siempre. Aquella primera carrera de 10 km en Madrid fue para ti. Y aunque durante estos años he corrido de manera intermitente, siempre has estado en cada paso.
Este año, más que nunca, he sentido que te llevaban mis piernas. Que corría por las dos. Que si tú fuiste capaz, yo también podía serlo. Me he demostrado a mí misma que no hay edad, ni excusas, ni imposibles. Que, con determinación, todo se puede. Y tú, Moni, fuiste el motor que encendió todo esto.
No es que haga estas cosas porque sienta que te debo algo, pero tu recuerdo me inspira constantemente. Me impulsa a romper límites, a vivir con más valentía y a intentar motivar a otros. Aunque te soy sincera, a veces siento que no disfruto de la vida tanto como debería. Vivo con una lista interminable de tareas, saltando de una a otra. Este año, además, una amiga mía ha perdido a su padre de forma inesperada y en muy poco tiempo. Su pérdida me impactó mucho y me trajo de golpe todos los recuerdos de aquellos días en los que tú te fuiste. Cuando el recuerdo de tu marcha empezaba a sentirse más lejano y sin darme cuenta empezaba a olvidar la lección más importante de todas: que esta vida es efímera, que no sabemos cuándo nos va a tocar, y que hay que vivir con intención, con conciencia, sabiendo que cada día cuenta. Estoy trabajando en cambiar mi actitud, en relajarme más y en aprender a saborear el presente. Sé que la vida es corta, y eso no se me olvida, gracias a ti.
Este año se me quedó grabada una frase que escuché: 'la riqueza no consiste en tener dinero, consiste en tener tiempo'. Y he sentido que, desde ese punto de vista, este año no he sido muy rica. Pero sigo trabajando en ello, sigo en el camino. Tengo muchos objetivos de mejora para el futuro y espero poder contarte los avances el año que viene. Quiero seguir evolucionando, soñando, aprendiendo a vivir con más calma y con más sentido.
Hoy, diez años después, sigo escribiéndote porque no quiero que este día pase como uno más. Quiero que el mundo se acuerde de ti, que quienes te conocieron te recuerden, y que quienes no, sepan que existió una mujer maravillosa llamada Mónica que dejó una huella imborrable.
Te echo mucho de menos. Te llevo en cada zancada, en cada sueño, en cada nuevo paso que doy.
Te mando un beso muy grande allá donde estés,
Cristina, tu hermana.